Rufino del Carmen Arellanes Tamayo

El pintor modernista Rufino Tamayo, hijo de indígenas zapotecos,  nació en Oaxaca, el 26 de agosto de 1899, fue parte del movimiento de los muralistas al que también pertenecieron importantes personajes como Diego Rivera, David Alfaro Siquerios y Juan Clemente Orozco.

Originalmente se formó en la ENEBA (Escuela Nacional de Bellas Artes en aquél entonces) y posteriormente, cuando tenía dieciséis años, ingresó a la Academia de Bellas Artes de San Carlos de la Ciudad de México en donde se “rebeló” porque “no estaba de acuerdo en hacer pintura académica”. Más tarde la escuela se abrió a nuevas formas de hacer Artes Plásticas. En 1921 comenzó a trabajar como dibujante de piezas prehispánicas y arte popular en el Museo Nacional de Arqueología, Historia y Etnografía (hoy de Antropología e Historia).

Tuvo su primera exposición en 1926, temprano en su carrera, y la inercia no paró. El Art Center de Nueva York, reconoció la obra de Tamayo; más tarde comenzó a impartir cátedra en aquella ciudad en la Dalton School y con este prestigio se incorporó a la revista ‘Contemporáneos’, donde también publicaban varios artistas de la época que se expresaban en esa tendencia.

El pintor es ampliamente reconocido por sus murales, pero la mayoría de sus trabajos son piezas de caballete en las que es posible observar la evolución de la percepción del artista antes y después de los horrores de la Segunda Guerra Mundial, particularmente tras el lanzamiento de la bombas sobre Hiroshima y Nagasaki. Fue autor de más de 1, 300 óleos entre los que se encuentran los 20 retratos de su esposa Olga,  22 murales, 20 esculturas, más de 350 dibujos registrados y 465 obras gráficas.

Durante su estancia en Cuernavaca vivió en una calle de la colonia Acapantzingo, un lugar de bugambilias inigualables y olor a madre selva donde vivió el mágico Tamayo, en una calle que hoy lleva su nombre.  Falleció en la ciudad de México el 24 de junio de 1991.