Amatitlán

El nombre de Amatitlán proviene de la abreviación “amacuahuitl” – árbol de papel (“amatl” – amante o papel y “cuahuitl” – árbol) y de “titlan” – entre, es decir, “entre los amates” o “entre los árboles de amate”.

En la época prehispánica, según refiere Druzo Jiménez Maldonado, el territorio que comprende el barrio de Amatitlán representaba una de las cabeceras administrativas del señorío de Cuauhnahuac, controlado inicialmente por los tlahuicas, que eran descendientes de los chichimecas y posteriormente por los mexicas, al ser estos bajo su dominio.

Según el mismo Jiménez Maldonado y Juan Dubernard, Amatitlán como el lugar por donde los españoles, dirigidos por los tlaxcaltecas, entraron en Cuauhnahuac para conquistarla. Se cree que utilizaron las raíces de los amantes para cruzar la barranca de Amanalco, que servía como barrera natural para mantener a sus enemigos alejados y sorprender así a los tlahuica.

Después de la conquista española, pasó a formar parte del Marquesado del Valle de Oaxaca, perteneciente a Hernán Cortés. Éste, como benefactor y amigo de Bernardino del Castillo, quien estaba casado con la hija de Francisco de Orduña, le otorga tierras para la construcción de un trapiche y en 1536 se comienza a construir la hacienda de Santa Ana Amanalco, una de las primeras haciendas azucareras del estado de Morelos y de las de mayor producción en la Nueva España. Esta hacienda se ubicó en el actual barrio de Gualupita donde se han encontrado los registros prehispánicos más antiguos de Cuernavaca, de la época Olmeca.

La capilla original de Amatitlán desapareció dando lugar a una más reciente de enormes proporciones, edificada en el siglo XX.

Por: Juan Luis Pascual Robles, “Amatitlán, pasado, presente y la fiesta de San Luis Obispo”, “Del Santo al Salto, Las fiestas patronales de Cuernavaca”, Vol. I.

Juan Diego Pons Díaz de León, “Cuernavaca, el corazón de la Primavera”.