Alfonso Reyes

Alfonso Reyes nació en Monterrey, N.L. el 17 de mayo de 1889, comienza a visitar Cuernavaca a partir de 1939 debido a una dolencia cardíaca que lo afecta de manera incipiente, pero desde 1943 hasta 1959, año de su muerte, lo hace con regular frecuencia. El escritor, poeta, ensayista, traductor, narrador, diplomático y pensador mexicano encuentra en Cuernavaca un espacio propicio para el “ocio creador”. En  en cierta medida aspira a descansar de algunas de sus agobiantes responsabilidades como presidente de El Colegio de México, miembro fundador de El Colegio Nacional, miembro de la Junta de Gobierno de la UNAM y miembro numerario de la Academia Mexicana de la Lengua. Al mismo tiempo que realiza la traducción de la Ilíada, compone la serie de sonetos titulados Homero en Cuernavaca.

Los sonetos se publican por primera vez en la revista Ábside, en 1949, dirigida por Gabriel Méndez Plancarte. Hacia 1952, Reyes vuelve a publicar los poemas, bastante retocados, añadiendo dieciocho nuevas composiciones. Homero en Cuernavaca aparece en la colección Tezontle del FCE y abarca una treintena de poemas, divididos en tres secciones de diez sonetos cada una. Posteriormente incluye el poemario, con cuidadosos y finales “retoques” en Constancia poética, tomo X de sus Obras completas dado a conocer dieciséis días antes de su muerte.

En la primera sección de Homero en Cuernavaca Reyes incluye sonetos en los que evoca su experiencia de vida en la capital de Morelos, la descripción de algunas escenas de la Ilíada y las respuestas a las posibles lecturas de los críticos contemporáneos de la epopeya griega, como por ejemplo Émile Mireaux, una de las máximas autoridades de los estudios homéricos de la época. En la segunda parte, Reyes conversa con los personajes homéricos, incluso se tutea con ellos, imaginando los motivos de sus acciones: dialoga con Agamemnón, Menelao, Paris, Helena, Briseida, Héctor, Aquiles; e intenta iluminar, a la vez que cuestionar, sus pensamientos, dolores y hazañas; captura la esencia de los personajes más relevantes de la clásica obra. En la tercera sección, Reyes reflexiona sobre su propio aprendizaje como traductor: incorpora enseñanzas y reflexiones sobre su tarea; trata de dilucidar qué lo movió a emprender el gran encargo de transcribir la epopeya griega en 5763 alejandrinos castellanos rimados y pareados casi siempre; adicionalmente, esboza algunas consideraciones familiares y vivenciales relacionadas con ese “ejercicio espiritual” en que se convierte la traducción.

En Homero en Cuernavaca los recuerdos de la propia experiencia de Reyes van unidos a los de la creación y traducción; se mezclan de tal manera que resulta difícil, en ocasiones, distinguir entre la vida y obra del autor. En ciertos momentos, los poemas se ocultan detrás de un texto que sólo establece ideas y conceptos abstractos; en otros, lo que propone como una evocación de hechos reales puede ser sencillamente un efecto de la invención literaria. Un buen ejemplo, es su célebre poema: ¡A Cuernavaca!

Falleció en la ciudad de México el 27 de diciembre de 1959.